Boca, con uno menos, se llevó toda la gloria del Monumental

domingo, octubre 19, 2008

Los dirigidos por Ischia le ganaron a River tras cinco años como visitantes. Fue 1 a 0 con gol de Viatri a los quince del segundo tiempo. El Xeneize contó con una gran actuación de Riquelme y, a los siete minutos del complemento, Ibarra vio la roja. El visitante fue inteligente y por eso se llevó el partido, para dejar al rival de toda la vida último en el campeonato y mantenerse a ocho del líder.

El Boca de Ischia visitaba a River en el Monumental con la obligación de redimirse de sus últimas malas actuaciones y de dejar de lado de una vez por todas las internas que se habían suscitado en el plantel durante las últimas dos semanas. Y realmente las cosas le salieron bien al técnico y a los jugadores que fueron cuestionados (especialmente Cáceres y Paletta)

El primer tiempo fue aburrido. En el control de la pelota, el conjunto boquense anduvo mejor. La sociedad Juan Román Riquelme - Hugo Ibarra fue lo mejor del ataque visitante, pero la profundidad para penetrar la defensa rival se hizo ausente. Las escasas chances importantes que hubo, fueron del cuadro dirigido por Diego Simeone, especialmente por la inseguridad, provocada por los nervios, del joven arquero Javier García.

En el segundo tiempo, River copió el esquema de Boca, quedó con un solo delantero y el mediocampo quedó por demás poblado. Entonces, a los siete minutos, Hugo Ibarra se fue expulsado por un exceso verbal al juez de línea. El Negro, de buen partido hasta ahí, debe controlar esos impulsos con los años de experiencia que tiene. El local lo tenía servido en bandeja, le faltaba solamente le faltaba ponerle la frutilla al postre, o la aceituna a la pizza. Pero no, los recuerdos de aquel 8 de mayo ante San Lorenzo en la Copa Libertadores volvieron a hacerse presentes.

En una pelota parada muy buen ejecutada por Román, que se hizo dueño del equipo en la parte final, Lucas Viatri se empezó a transformar en ídolo, al desviar el balón a la red. River 0 - Boca 1 y ahora, a saberlo aguantar, Xeneize.

Pero al Millonario le faltaron ideas, fútbol y peso ofensivo. Nunca encontró chances claras y la victoria del huésped no peligró, salvo en un remate desviado de Andrés Ríos. Salvo eso, nada hizo suponer que el superclásico cambiara en algún momento de dueño, que la balanza se inclinara de algún modo que no fuera a favor de Boca.

El tiempo pasó y fue Riquelme quien pudo haber puesto 2-0 al once visitante. Tuvo dos: un tiro tras una jugada individual bárbara que se fue desviado y un córner que estuvo a punto de meterlo olímpico, pero dio en el palo.

Se acabó. Las figuras fueron varias, el diez y Viatri sobre todo. Pero no hay que dejar de destacar la actuación de la defensa en general, aunque en especial de Julio César Cáceres y Gabriel Paletta, los cuestionados, que fueron una muralla. Sebastián Battaglia se bancó el medio solo, amonestado de arranque, siempre prolijo, siempre bien.

El equipo rendía examen, el equipo lo aprobó con creces. ¿La charla del viernes vino bien para los jugadores de Boca? Es relativo, el resultado muestra que sí, pero si la victoria quedaba del otro lado se diría otra cosa. El planteo de Carlos Ischia fue inteligente, con tantos mediocampistas buscó, por sobre todas las cosas, más juego en el mediocampo y le salió bien. El cabaret quedó oficialmente cerrado, porque Juan Román Riquelme y Julio César Cáceres se abrazaron una vez terminado el partido. De aquí y por ahora, lo que se hable será invento del periodismo "mala leche".

Con la victoria, el Xeneize quedó a ocho de San Lorenzo, lejos de la punta pero con la alegría. El Millonario, con la derrota, está sumergido en el último lugar con sólo ocho puntos y con sólo una victoria, hace ocho partidos.

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